Showing posts with label San Juan Opico. Show all posts
Showing posts with label San Juan Opico. Show all posts

Wednesday, April 21, 2010

Los alumnos lloran a sus maestros

El féretro del profesor Tomás Antonio estaba rodeado de flores y tarjetas. "Sentido pésame: de octavo grado A". A su alrededor una desordenada decena de adultos, de jóvenes, de niños intentan ver su rostro. Él tiene los ojos cerrados, como dormido; sus ex alumnos los tienen llorosos, aquejados por la pérdida de un ser querido.
El profesor de inglés e informática, el hijo de la ex alcaldesa -Tomasito, para sus allegados- fue asesinado junto a dos maestras del Centro Escolar El Ángel, hace apenas 48 horas. Un disparo en la cabeza dejó sus cuerpos tendidos sobre las piedras de una la quebrada, entre planicies que en algún tiempo se cubren de cañales, en San Juan Opico.
Frente al lugar de su velación está un parque. En el centro del parque está una iglesia y, a un costado, una concha acústica con listones negros. Es el corazón de San Pablo Tacachico, es -como muchos pueblos de El Salvador- un puñado de casas mixtas, con calles adoquinadas y una extensa zona rural donde falta agua, donde falta luz, donde faltan buenas calles y, por supuesto, donde falta seguridad pública.
Entre lágrimas y voces balbuceando el himno del maestro, Tomás Antonio fue sepultado hoy. Mañana, sin embargo, cuando el ministro de seguridad esté en un edificio con aire acondicionado hablando de los planes contra el crimen, en Tacachico habrá llanto de nuevo: Felipa y Marlene serán sepultadas. A manera de homenaje, los alumnos preparan una biografía de las víctimas y el canto del maestro... las lágrimas llegarán en un momento inesperado.

Tuesday, April 20, 2010

El lado oscuro de El Ángel

Luego de concluir su jornada de trabajo, entre las 5:30 y 6:00 de la tarde del lunes pasado, la directora y dos profesores del centro escolar El Ángel, en la zona rural de San Juan Opico, fueron privados de libertad y, minutos después, asesinados por disparos de un arma nueve milímetros en una quebrada de la hacienda Talcualhuya.
"Por el tipo de terreno, que es un río seco, está siendo un poco difícil la ubicación de la evidencia. Se está usando un detector de metales, por el momento, se han encontrado cinco casquillos", confirmó la fiscal Guadalupe de Chavarría. Junto a esa evidencia, entre las piedras y bajo la sombra de unos árboles, estaban tendidos boca abajo los cadáveres de Felipa Audelia Barillas Ayala de Murcia, de 45 años; su hermana Marlene del Carmen Barillas de Quijada, de 38; y Tomás Antonio Gómez Baldizón, de 40.
Felipa Audelia era, desde hace más de una década, la directora del centro escolar. Tan amigable como rígida, dicen los alumnos. Según una ordenanza municipal que reguló la comercialización de bebidas alcohólicas en San Pablo Tacachico, publicada en un Diario Oficial del 2005, también fue segunda regidora municipal por el partido ARENA. El lunes por la tarde dictó su última lección: "La profe que nos da lenguaje no llegó, así que ella nos dio la clase", dijo Nelson, un estudiante de séptimo grado.
Ella y su hermana Marlene del Carmen acostubraban a viajar en el vehículo sedán verde, propiedad de Tomás Antonio, el profesor de inglés e informática. "Como a las seis yo me fui al puente a esperar un amigo, entonces, pasó el carrito, pero no ví a nadie porque era vidrios polarizados. Martín venía como a 200 metros y él sí vio cuando cruzó hacia el potrero", relata William, alumno de octavo grado.
Desde el centro escolar El Ángel, rodeado de casas humildes, hay unos 400 metros hasta la carretera asfaltada que conduce a San Pablo Tacachico, el municipio de residencia de las tres víctimas. Pero lejos de regresar a sus casas, el vehículo se desvió hacia otro maltrecho camino, cruzó una planicie semidesértica que en algún tiempo fue cañal, se estacionó cerca de una hondonada y recorrieron a pie 300 metros más. "Creemos que fueron persuadidos u obligados a caminar hasta la zona (la quebrada)", dijo el comisionado Jaime Granados Umaña, jefe de la zona central de la Policía.
La búsqueda
Preocupados por la llegada del anocher y por la falta de noticias de los maestros, los familiares denunciaron a la Policía la desaparición, entre las 6:00 y las 6:30 de la tarde. Casi dos horas más tarde, los indicios ya apuntaban a que las víctimas estaban en algún lugar de las 2 mil 452 manzanas que conformaban la hacienda. "Como a las 8:30 encendí la luz de la calle porque pasaban y pasaban los carros, entonces me di cuenta que era la Policía la que andaba buscando aquí y en la otra entrada del caserío Las Arenas", recuerda una vendedora, quien pidió no ser identificada.